En la entrada anterior, Mirar al cielo para poner certezas en perspectiva, contemplábamos la Tierra como aquel punto azul pálido fotografiado desde miles de millones de kilómetros de distancia.
Mirar el cielo nos ayuda a cambiar de escala, relativizar nuestras certezas y abrir espacio a otros puntos de vista. Recordé así brevemente mi paso como docente de Cultura Científica.
Hoy recojo ese hilo para bajar la mirada del cielo a la tierra y regresar a una experiencia educativa que también nos invitó a observar de una manera diferente: el huerto escolar del IES La Isleta.
Porque mirar hacia abajo no siempre significa reducir el horizonte. A veces significa sumergirse en el interior, en la riqueza de acercarnos, tocar, oler, degustar, esperar y dejarnos enseñar por lo que crece dentro y bajo nuestros pies.
Un aula abierta a la tierra
Durante aquel curso, junto al alumnado de esa asignatura, y de otras atraído por el entusiasmo despertado, participamos de una experiencia destinada a conocer y transmitir en principio la cultura del cereal de origen canario.
La aventura fue más allá: el huerto se convirtió en una prolongación viva del aula.
Preparamos el terreno, colocamos los goteros, sembramos legumbres e iniciamos un proyecto de compostaje. Después llegaron semillas muy especiales: granos antiguos de cebada y millo procedentes de Acusa, en la cumbre de Gran Canaria, conservados con esmero durante generaciones y compartidos por agricultoras y agricultores conscientes del valor de sus raíces.
Ya no se trataba solamente de estudiar conceptos. Había que agacharse, meter las manos en la tierra, observar la germinación, seguir los cambios y respetar unos tiempos que no pueden acelerarse.
El huerto nos recuerda así algo esencial: la naturaleza no siempre responde de la forma que imaginamos y, para comprenderla, primero necesitamos aprender a mirar, algo que se parece mucho a aprender a escuchar y a escucharse.
Observar es un acto de atención
También pudimos diferenciar el desarrollo visible de plantas de millo procedentes de semillas antiguas con el de otras nacidas de semillas modificadas genéticamente.
Fue una experiencia activa y empírica que despertó la curiosidad del alumnado y permitió apreciar diferencias directamente sobre el terreno. Sin embargo, no era un ensayo controlado capaz de atribuir cada diferencia observada a una única causa.
Y precisamente ahí aparecía otra valiosa lección de la materia:
Observar no es sentenciar; es aprender a describir, a preguntar, a dejar entrar nuevas imágenes, ideas, sonidos, sabores, sentires re.conociendo hasta dónde llegan nuestras conclusiones actuales, realidades en potencia temporales.
Cuando observar es sembrar preguntas
¿Qué estamos viendo realmente?
¿Cómo hay factores que pueden estar influyendo?
¿Qué podemos afirmar, por ahora, y qué necesitamos seguir investigando?
La ciencia no consiste en acumular certezas inamovibles, sino en formular preguntas, contrastar hipótesis…permitir que la realidad siga corrigiendo nuestras primeras interpretaciones, tan provisionales.
Volvemos así a la necesaria duda fértil: cuando nace de la curiosidad y de las ganas de aprender, no debilita el conocimiento, sino que lo hace avanzar.
Las raíces también cultivan
Comparto aquella experiencia porque sirve genuinamente con.ciencia y comUnidad.
Aprovecho para agradecer especialmente a nuestro ahora gran amigo Salvatore (hoy precisamente es su cumple: Tanti Auguri!), que introdujo este proyecto en el centro y ayudó a hacerlo posible. Gracias a su iniciativa, Manuel Quintana, profesor de Biología, y una servidora, pudimos disfrutar, junto al alumnado, de actividades tan valiosas.
Durante varias sesiones, celebradas por la tarde, contamos también con la colaboración de las familias. Entre quienes participaron estuvo doña Celia Romero, de 87 años entonces. Llevaba meses saliendo muy poco de casa, pero, al llegar al huerto, su primera pregunta fue: «¿Dónde hay un sacho?»
Sacho en mano, trabajó de forma enérgica mientras compartía historias de cultivos y cosechas vividas en Montaña Alta de Guía, otra hermosa zona de la isla.

El alumnado entonces aprendía de los materiales didácticos, de la observación, pero también de unas manos unidas al alma sabia relatando memorias que atesoraban toda una vida vinculada al cuidado de quien custodia amablemente la tierra.
El conocimiento circula en infinitas direcciones.
El huerto se convirtió así en un lugar de encuentro entre generaciones, entre distintas formas de conocer uniendo la ciencia, la experiencia, la memoria y el cuidado mutuo.
El recurso educativo La cultura del cereal en Canarias, nos ayudó además a relacionar el cultivo con su historia, ecología, sistemas de producción, paisajes, aperos, medidas tradicionales y procesos de molturación.
Sembrar preguntas que cultivan miradas
Vista desde el presente, reconozco en aquella experiencia una semilla de la manera de entender la educación que hoy expresa Cultiva la mirada.
Cultivar mirada no consiste únicamente en dirigir los ojos hacia la salud visual. Es entrenar la atención, ampliar la percepción y relacionarnos con lo que observamos sin apresurarnos a confirmar lo que ya pensábamos.
Una semilla necesita tiempo. También preguntas.
Quizás educar sea precisamente crear las condiciones para que ambos puedan germinar: ofrecer tierra, cuidado y espacio suficiente para que cada persona descubra, experimente y construya su propia comprensión.
En la entrada anterior mirábamos al cielo para poner nuestras certezas en perspectiva. Hoy volvemos a la tierra para recordar que el saber y el sentir también se cultivan: con curiosidad, paciencia, memoria, cuidado y presencia.
Del cielo a la tierra, la invitación sigue siendo la misma: ampliar la mirada para aprender a habitar el mundo de otra manera.
¿Cómo aparecen intercambios cuando ampliamos los límites del aula?
¿Cuánto pueden enseñarnos las personas que han cuidado la tierra antes que nosotros?
¿Somos capaces de observar sin apresurarnos a encontrar la respuesta que ya esperábamos?
Cultivar miradas puede comenzar también así: sembrando preguntas.
Referencias para profundizar
- «Transmitir la cultura del cereal de Canarias a través del huerto escolar». IES La Isleta 2021/2022. Experiencia realizada con el alumnado de Cultura Científica de 4.º de ESO y publicada por el Área de Patrimonio Natural, Social y Cultural Canario del Gobierno de Canarias.
- La cultura del cereal en Canarias, de Francisco Suárez Moreno. Recurso educativo para ESO y Bachillerato sobre la historia, la ecología, los sistemas de cultivo y el patrimonio cultural asociado a los cereales en Canarias.
- Mirar al cielo para poner certezas en perspectiva. Entrada anterior de Cultiva la Mirada, origen de este nuevo hilo entre observación, duda y aprendizaje.

