Parapente en pleno vuelo sobre Las Palmas de Gran Canaria

Abrir alas: cuando las ganas de servir pueden más que los miedos

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Invitación a clicar en este par de propuestas musicales si te apetece leer con la compañía de El ojo del cóndor y Canto andino.

Una de las primeras imágenes que compartí en el chat del grupo con el que comencé a estudiar visión natural, fue la de una paloma arrancando el vuelo al amanecer, muy cerca de casa.

El pájaro estaba fuera, silueta recortada a contraluz naranja de la mañana, y ví ahí la metáfora visual del vuelo comenzado dentro.

Recuerdo haberla enviado sintiendo el augurio del nuevo viaje que empezaba entonces: una disciplina desconocida, otra manera de acercarme a la mejora de la vista/visión y un aprendizaje que todavía no sabía hasta dónde invitaba a recorrer la madriguera.

Cinco años más tarde, al poner en marcha Cultiva la Mirada, vuelvo a sentir que se abre ante mí otro espacio inmenso.

Y qué mejor manera de encarnarlo ahora con mi primer vuelo en parapente sobre el océano; uno de los regalazos por entrar a la quinta planta de la escalera de la vida repleta de ganas de seguir ampliando bellas vistas.

Me hizo gracia conocer el caso de la madre de una amiga, con 78 años, y otra amiga de mi suegra, cercana a los 80, quienes lo habían vivido en el mismo lugar hacía poco y quedaron encantadas. 

Situaciones extraordinarias como estas recuerdan algo hermoso: a veces el miedo nos presenta como violento aquello que, con las condiciones y el acompañamiento adecuados, puede llegar a sentirse sorprendentemente amable.

La confianza se construye

En una charla reciente, Sylvia Gelman recordó una idea que escuchamos a menudo en el entorno de visión natural: la confianza no se construye esperando a sentirnos completamente preparadas, sino lanzándose a actuar previa práctica de serenos diálogos internos. Sintiéndonos. 

El miedo forma parte del proceso al comenzar algo nuevo. No siempre desaparece, pero podemos respirar, escucharlo, y actuar también en su presencia.

La imagen de la zona conocida, de rutina – a la que también se le llama “de confort” aunque no necesariamente sea confortable – como una banda elástica que intenta devolvernos al centro, resulta especialmente reconocible. Cuando nos acercamos a sus límites puede aparecer el síndrome de la impostora con voz exigente susurrando que todavía falta otro curso, otra revisión, otra certeza antes de mostrarnos.

Se puede aprender y desaprender para seguir aprehendiendo más. Y sí, esto de vivir es un continuo aprendizaje al que poder afinar eternamente, pero llega un momento en que las ganas de servir pueden más que los mieditos de querer hacerlo perfecto.

No los llamo mieditos para negar su fuerza. Los llamo así porque el diminutivo me ayuda a sentarlos a mi lado, en lugar de dejar que conduzcan. Paradójicamente, una vez superados, actúan de resorte contribuyendo a la construcción de confianzas permeables a otros ámbitos.

Tirar palante

En el vídeo del despegue se ve bastante bien. La vela está preparada, el equipo revisado y el piloto experimentado sabe lo que hace. Aún así, el cuerpo encuentra frenos antes de avanzar del todo.

Pero tira ‘palante’.

Doy un paso, luego otro y termino corriendo hacia ese lugar en el que el suelo conocido deja de estar bajo los pies.

Desde fuera puede parecer un salto al vacío. Desde dentro, sin embargo, no se siente como una caída en picado. El aire fresco entra en el ala y, junto con las cuerdas, el arnés, los elevadores y todo el sistema, comprobado con atención, empieza a sostenernos.

De pronto estamos suspendidos.

Asombra como el vuelo, con más o menos mariposeo estomacal, según las figuritas que una quiera probar, resulta mucho más suave de lo que imaginaba. En general, te sientes amablemente acunada.

Una vez pasada la inquietud de cualquier comienzo, llega esa calma del «Confía». 

El cuerpo deja de prepararse para lo peor, la curiosidad recupera espacio y, casi sin darte cuenta, entras en modo juego.

En esta imagen me sentí ajolote recordando cómo la vida posee sorprendentes recursos de adaptación y reparación. ( Ver referencias más abajo)

También me sentí pardela, cóndor, águila…y ahí comencé una serie práctica espontánea de visión natural. Los ojos seguían el recorrido de la costa rastreando las formas del paisaje; la mirada consciente cambiaba de enfoque entre las líneas cercanas del parapente y el horizonte; aparecían parpadeos rítmicos y asoleos suaves con los ojos cerrados antes y después del aterrizaje. Todo acompañado de sonrisas, emoción y la alegría genuina que vuelve más viva la experiencia de ver.

El juego continuó hasta el final. En el aterrizaje, cuando los pies volvieron a encontrarse con la tierra. Todavía quedaba energía para el canto y el baile, porque aterrizar no tenía por qué significar abandonar el vuelo de golpe: también podía ser una forma de celebrarlo e integrar lo experimentado.

Desplegar alas en comUNidad

Para un despegue no basta con desear volar.

Se necesita ayuda para desplegar el ala, ajustar o aflojar líneas de freno, comprobar el arnés, los elevadores y las anillas, leer el viento y señalar el momento de avanzar.

Otras personas observan, alientan el impulso y recuerdan que se puede seguir avanzando cuando las piernas dudan.

El paso lo damos con nuestros propios cuerpos, pero no lo damos en soledad.

Con Cultiva la Mirada sucede algo parecido. Este proyecto arranca gracias a años de experiencia como sanitaria, docente y educadora visual. Gracias a las primeras sesiones individuales, talleres grupales y a todas las preguntas que todavía continúan abiertas.

También gracias a compañeras, compañeros y mentoras que ayudan a abrir el ala; que revisan ideas, ajustan frases, comparten experiencias, señalan un límite o dan el pequeño empujón que permite seguir adelante.

La charla de Sylvia, junto a las intervenciones de valientes colegas, llegó en el momento preciso para recordar cómo es la práctica la que genera confianza y la comunidad se convierte en ese espacio seguro en el que testear, ensayar, preguntar, equivocarnos, aprender y volver a intentarlo.

Salir de la excesiva autoexigencia significa aceptar que la responsabilidad profesional no consiste en saberlo todo antes de empezar, sino en ofrecer lo que ya podemos ofrecer con honestidad, reconocer hasta dónde llega nuestro conocimiento, seguir aprendiendo y pedir ayuda, como signo de madurez emocional, cuando sea necesario.

Ampliar el campo de visión

Mientras despegamos, mi atención estaba casi pegada al suelo, a los pasos y al borde que se acercaba. Un instante después, la mirada podía viajar sobre el mar, recorrer la costa y descansar en un horizonte mucho más amplio.

Ese cambio me recordó por qué este proyecto se llama así.

Cuidar la salud visual incluye revisiones profesionales pero también prevención y hábitos cotidianos como la invitación a observar cómo usamos la mirada: cuándo la mantenemos fija y exigida, cuándo reducimos nuestro mundo a un solo punto y cuándo recuperamos la periferia, alternamos distancias y dejamos entrar una escena más grande. Todo esto y mucho más sobre salud visual se aprende y se entrena.

Sin pretender que una experiencia extraordinaria sea necesaria para cuidar los ojos, sí que puedo decir que allí arriba sentí de forma muy clara el paso terapéutico desde una mirada mareada, un tanto ocupada por el miedo, a otra capaz de recibir el paisaje casi entero.

Eso es también lo que deseo compartir desde Cultiva la Mirada: propuestas sencillas, divertidas y vivas para relacionarnos de otra manera con nuestra visión; espacios para jugar, descansar, movernos, entrenar miradas de cerca y de lejos, ampliar la percepción y recordar que no vemos sólo con ojos aislados, sino con un sistema visual, unos cuerpos con historia y una atención que cambian.

Aprender a volar y a aterrizar

En algún momento hay que dejar la orilla y entrar en el océano. Podemos nadar con más técnica o menos, avanzar en línea recta o descubrir nuestro estilo dando alguna vuelta inesperada. La única manera de conocer cómo nos movemos en el agua es empezar a nadar.

Además al final vemos como, nademos como nademos, en esencia podemos flotar!

Ese día, el cielo era de océano y tierra. Aprendí como todo vuelo necesita un aterrizaje. En un proyecto como este, aterrizar lo traduzco como escuchar lo que ocurre en cada taller, recoger las impresiones de quienes participan, revisar propuestas, dinámicas, lenguajes y volver a tomar tierra para preparar el siguiente despegue.

Aterrizar no es necesariamente dejar de volar. Es integrar lo vivido y así el próximo vuelo sea liviano desde el inicio.

Hoy doy las gracias de nuevo a Sylvia Gelman por una charla y posterior intercambio cuidado, a mis mentoras de visión natural, Ainhoa dF, y de yoga visual Teresa Pellejero, a las/los colegas de profesión, a quienes han probado mis primeras propuestas y a todas las personas que, de una manera u otra, están ayudando a abrir esta nueva ala.

El miedo seguramente seguirá acompañando, así que no voy a esperar a que se marche.

Le tomaré de la mano y caminaré con él hacia el borde, dejando que su energía se transforme en impulso creativo.

En muchos casos, cuando el llamado de corazón habla con ganas de abrir nuevas puertas al servicio, se supera la necesidad de perfección y ahí damos el paso. Entonces descubrimos que no todo lo que parecía un acantilado estaba esperando para tragarnos.

A veces, eso que creíamos un abismo, gracias al abrazo del aire adecuado; en conexion de equipo mente, corazón y manos, es más bien un mundo enseñándonos a volar!

  • Música: El ojo del cóndor y Canto andino. Hermanos Gutiérrez – Easy Eye Sound.
  • Retina Research Foundation. (s. f.). James Monaghan, PhD: Stem cell fate determination during axolotl retina regeneration. Proyecto de investigación en curso durante 2026 de Retina Research Foundation.
  • Redondo, B., Jiménez, R., Vera, J., y Rosenfield, M. (2025). The impact of break schedules on digital eye strain symptoms and ocular accommodation during prolonged near work. Experimental Eye Research, 258, 110463. Artículo en PubMed.
  • Blog de Sylvia Gelman
  • Hernández, M. (2021). Estudios para conservar al ajolote, especie con una inusual capacidad de regeneración. Gaceta UNAM. Leer la entrada completa.
  • Yandulskaya, A. S. (2022). Cellular and molecular mechanisms of retinal regeneration in the axolotl salamander [Tesis doctoral, Northeastern University]. Digital Repository Service. https://doi.org/10.17760/D20439213
  • Castro Lobera, P. (2023). Volar como las águilas: el apoyo meteorológico al vuelo en parapente. Revista Tiempo y Clima, 5(79). Leer el artículo.
  • ParapenteGranCanaria
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